Argentina está llamada a protagonizar la economía global porque nuestra historia lo reclama. Los flujos de inversión directa hacia el país se irán incrementando a medida que mejoren variables como la seguridad jurídica, la estabilidad, las aptitudes de nuestros recursos humanos y, sobre todo, nuestra mentalidad global, necesaria para sintonizar y evaluar las oportunidades que existen más allá de los confines de la patria.

Por eso, desde el Congreso de la Nación tenemos que continuar trabajando en pos de apoyar esta apertura al mundo que comenzó en diciembre de 2015. La ley de financiamiento productivo provee herramientas certeras para modernizar nuestro mercado de capitales. Estas señales de madurez económica y responsabilidad son claves para establecer contacto fructífero con la comunidad internacional de inversores.

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